Mari Carmen, Mari Carmen, tu hijo está en el after hour. Probablemente conozcas esta canción por el pachangueo típico de las fiestas de pueblo. Pero La Pegatina son mucho más: canciones rápidas, muy rápidas, con estilos e idiomas distintos pero con un mismo objetivo: hacer que te lo pases como nunca en uno de sus conciertos, incluso si no los has escuchado antes.

Ayer era el fin de gira en la Sala La Riviera de La Gran Pegatina, un proyecto de 5 meses y nada más y nada menos que 13 músicos en el escenario con muchas ganas de ofrecer algo distinto y único. Y vaya si lo consiguieron.

Pocas cosas dan tan buen rollo como un concierto de La Pegatina. La gente sabe que va a pasárselo bien. Ya no sólo por el ritmo de las canciones, pegadizas desde la primera a la última. Los miembros del grupo catalán son los primeros que salen a divertirse al escenario. Y vaya que si lo hacen. Detrás del caos que supone ver a los trece miembros de La Gran Pegatina en un escenario, se adivinan muchas horas de ensayo, coreografías medidas hasta el milímetro y la calidad de los músicos, que pasan del reggae a el solo de Thunder de AC/DC tocado con acordeón en pocos segundos.

El concierto de anoche fue un no parar. Abundaban los ritmos ska pero también hubo tiempo para canciones más lentas pero que igualmente el público ama (Amantes de lo ajeno y Alosque, por ejemplo). También se pasa de lo propio a lo que todo el mundo conoce con pasmosa naturalidad: es fácil encontrarse saltando en medio de Mi Gran Noche I will survive sin problema alguno. Son muy buenos tocando y, lo que es más importante, son un espectáculo en el que la diversión está asegurada. Adrià, cantante y showman del grupo, sabe explotar su simpatía para conseguir que el público haga de lo primero a lo último que le pide: que muevas tu cucu, que si ahora nos vamos para la derecha, que si ahora alzamos el mechero. Y tú, contagiada de dos horas de buena música sin pausa alguna, haces todo lo que te dice pensando pero qué grandes son estos de La Pegatina.

Ayer era un día especial. Era el concierto número 1000 de La Pegatina además del último de La Gran Pegatina. Se les veía emocionados: ”os aseguro que son los cinco mejores meses de nuestra vida gracias a estos grandes artistas”, llego a decir Adrià. Se marcha La Canija, voz del grupo D’Callaos; Pipo Ti, cantante de reggae que es pura energía en el escenario y que da todo el sentido a este proyecto; Victor Guadiana, un máquina del violín que es capaz de integrar su sonido en cualquier canción; y Marcos Crespo y Tuli al trombón y el saxo respectivamente. Miki Florensa, guitarra eléctrica en la gira, se quedará sin embargo para la gira europea que La Pegatina iniciará el próximo mes en Tübingen, Alemania.

En definitiva, un concierto para no olvidar, con el público volcado bajo la lluvia de papelillos, cantando el himno del grupo (lolololo) mientras se podía palpar claramente la nostalgia en el ambiente por un precioso proyecto que acaba y de la mejor manera posible. Los finales son tristes, pero si te pillan a ritmo de rumba y ska, mucho mejor.

 

 

 

 

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